Apuesto, rotunda y definitivamente, por la libertad de prensa. Asumo, como periodista, que cometemos muchos errores y que actuamos de forma errónea de manera constante. Admito personalmente que incurrí en numerosas fallas mientras ejercía como periodista. Como sé que las compañeras y compañeros periodistas en Ecuador saben que yerran reiteradamente.
Muchos de nuestros errores tienen justificación. La información tiene que fluir con rapidez porque la noticia es fugaz y lo que tarda en comunicarse no es noticia sino historia. Y lo que se hace con premura, suele tener defectos.
Los periodistas somos personas y tenemos impulsos, y eso provoca que nos precipitemos y fallemos. Los profesionales de la información tenemos, cada uno, distinto color de ojos y vemos la realidad desde nuestra perspectiva, que es individual y subjetiva, porque no somos máquinas, ni somos infalibles, porque la objetividad no existe y porque, afortunadamente, no todos tenemos la misma visión de las cosas.
Pero también es cierto que muchos de nuestros fallos no tienen justificación. Que, impulsados por nuestros sentimientos —porque somos humanos, aunque a veces no lo parezca—, tratamos los datos y la información con poco respeto. Que llegamos a manipular algunas noticias acosados por la crisis perpetua del periodismo y por algunos empresarios y directivos poco escrupulosos; y que a veces —pocas— somos corrompidos y engañados por políticos y fuentes indignas.
Es evidente que los periodistas y los medios informativos tenemos que plantearnos cuanto antes un proceso de autocrítica porque se lo debemos a la ciudadanía y por nuestro propio interés y supervivencia.
Y también quiero decir que soy consciente de que el presidente Rafael Correa persigue lo mejor para Ecuador. Creo que lo buscó siempre, desde el primer día, y que mantiene esa posición, a pesar de errores y equivocaciones propios del ser humano.
Con estas —amplias— consideraciones previas y con las reservas necesarias porque la distancia me impide manejar todos los datos y matices, quiero expresar, con carácter general, mi respaldo a las mujeres y hombres del periodismo en Ecuador, así como a los empresarios del sector que actúan de buena fe, aunque se puedan equivocar.
Sin corporativismo, deseo señalar mi respeto a Sebastián Corral, Jorge Ortiz, Milton Pérez, Freddy Paredes y a tantos compañeros y compañeras, la mayoría desconocidos para la ciudadanía, que hacen posible cada día TeleAmazonas. Lo mismo debo decir en relación a los profesionales en Ecuavisa, Hoy, El Universo, Vistazo, El Comercio, Vanguardia, Expreso, Telégrafo y los centenares de publicaciones, radios y televisiones ecuatorianos.
Los medios y los periodistas no están por encima de la ley, pero creo que el poder Ejecutivo —el Gobierno— no debe intervenir en el monitoreo ni fiscalización del contenido editorial de los medios informativos, salvo para fijar las contraprestaciones que, por utilizar el espacio público, deben ofrecer a la sociedad en forma de espacios formativos, culturales e infantiles, entre otros. Es más, defiendo que, en democracia, los periodistas son un agente de control/veeduría fundamental sobre el Ejecutivo y el Legislativo, y creo que así debe seguir siendo.
Los periodistas pueden y deben ser vigilados y, si fuera preciso, sancionados, pero lo debe hacer un poder judicial independiente y con las garantías debidas. Las leyes que existen son, a mi juicio, suficientes para proteger a la sociedad frente a posibles abusos. Que se apliquen las leyes y que lo haga el poder judicial.
Es suficiente.
Madrid, 10 de junio de 2009
José Alonso Seco
periodista
viernes 12 de junio de 2009
Carta de José Alonso
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