Recién leía en una revista Newsweek, el artículo de un célebre blogger que renunciaba a su carrera al no poder mantener el esfuerzo de publicar diariamente en un sitio que no le daba los ingresos suficientes como para poder vivir.
Hay quienes sostienen que todo se trata del declive de los diarios, las revistas, la prensa en papel. Que se está pasando del viejo mundo del impreso al mundo digital y virtual del Internet.
No es del todo cierto. En primer lugar, la televisión no escapa de la crisis. En segundo lugar, no existe todavía ningún modelo de negocios exitoso (en términos de ingresos) en el periodismo en Internet. De hecho, todos los grandes proyectos han resultado fallidos, por una u otra razón.
Hay quienes dicen que la crisis del periodismo es simplemente el momento de declive de un mundo en el cual comunicación significa “medios” a otro en el cual vamos a hablar simplemente de contenidos: textos, imágenes, vídeos, audios circulando a través de una gran diversidad de medios: la Internet, los teléfonos celulares, la TV digital interactiva, etc. Sin embargo, es una visión optimista de las cosas.
Breve paréntesis: siguen las malas noticias: el Boston Globe anuncia pérdidas históricas, las mayores en sus 150 años de historia. El New York Times, sí el mismísimo New York Times, señala que es posible que dejé de editar el diario si no se logra un acuerdo con los sindicatos para reducir los costos en 20 millones de dólares anuales.
El asunto no pasa por el reemplazo de una tecnología por otra. De unos medios de comunicación a uno que es la condensación de todos los anteriores (el Internet). Se trata de un cambio definitivo en la forma de usar los medios.
La gente no ha dejado de consumir noticias. Todos los estudios y estadísticas nos dicen que se consume más noticias que nunca. Sin embargo, la forma de llegar a la noticia es radicalmente distinta. Todos quienes conozcan del tema saben que el nuevo lector de Internet llega a la información a través de vínculos. Es decir, no lee medios, lee temas. Si quiere informarse, por ejemplo, de algo como “terremoto en Italia” hace la búsqueda en un motor como Google y va saltando de página en página o de nexo en nexo, dentro de la misma página.
Por eso, hay batallas que se están desarrollando en ese campo. Los productores de contenidos (los diarios), por ejemplo quieren que Google pague un “fee” por el servicios de Google News o hay quienes plantean que las páginas que hagan enlaces directos a otras páginas deben pagar también una tasa por ello.
El asunto es que se está buscando un nuevo modelo de negocios. Los que tiene que ganar en esto no son los grandes medios, todo lo contrario. Si vemos bien la mejor posición la tienen empresas como los proveedores de telefonía o los buscadores de Internet.
De regreso a nuestro país, esa es la razón por la cual pretender que la “democratización” de los medios pasa por el ataque en contra de los grandes medios y sus “monopolios” y que eso se convierta en la base de las nuevas leyes que regirán la comunicación en el país es, por decir lo menos, maniqueo y poco visionario.
El mundo de la comunicación cambia aceleradamente y no sabemos hacia dónde. Sería trágico que el Estado en lugar de dar mayor dinámica a los cambios, siga mirando rabiosamente al pasado.
viernes 24 de abril de 2009
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