Escena Uno: Los niños van el fin de semana a sembrar árboles en un barrio marginal de las laderas del Pichincha. Van con gorras, palas y plantas listas para ser sembradas. Al mediodía se reparten refrigerios, sánduches y refrescos. Los más pequeños recogen su basura y se la llevan (por suerte, los más pequeños son lo más conscientes). Las adolescentes de un prestigioso colegio de la capital arrojan entre los arbolitos recién sembrados, botellas y fundas plásticas.
Escena dos: Día de la Tierra, los sets de televisión se llena de proclamas bonitas, declaraciones de principios. “Salvemos el planeta” por aquí y por allá. En la víspera un candidato lleva un pumamaqui para regalar a su entrevistador… Todos en una fiebre verde. Pero suele ocurrir que la proclama muchas veces reemplaza a la acción real.
Escena final. El panorama es dantesco, pero parece que a nadie le importa que no es hemos enseñado a vivir entre basura. Lo cierto es que las carreteras del Ecuador, la cercanía de cualquier presencia humana en este país está precedida por la presencia de montones de fundas, tarrinas, botellas plásticas, papel, latas de todo tipo, pedazos de vidrio, botellas de cerveza, otras de alcohol, aceite quemado, llantas, tapas de refrescos. Haga el ejercicio, uno puede medir, si tiene cerca algún poblado, ciudad o conglomerado humano midiendo la cantidad de basura que se va acumulando al borde de la carretera.
Es patético: el registro de que el ser humano puebla este rincón del planeta llamado Ecuador, es la basura. Es nuestra mayor obra. Y parece importarnos nada… Porque la basura siempre es problema de otro. Del Alcalde que no hace bien su trabajo. Del Gobierno que debe solucionar la “disposición de los desechos sólidos” como dice el lenguaje técnico que todo lo encubre. Lo cierto es que hemos convertido ya no solo a las mayores ciudades de este país en un chiquero.
¿Qué se está haciendo? Nada. Ni siquiera nos damos cuenta del problema. Pienso en esto, luego de que arrojan de un autobús interprovincial una tarrina aún con restos de comida y casi golpea de pleno el parabrisas del auto dónde voy.
¿No es hora de plantearse en serio este problema? Yo diría que es uno de los problemas más grandes que tenemos y ante el cual cerramos los ojos o no queremos verlo. Por eso, es hora de unir esfuerzos y tratar de limpiar este país, ya no figuradamente sino literalmente. Este es el tipo de cuestiones que bien pueden movilizar esfuerzos conjuntos. Ministerios del sector público, municipios, escuelas y colegios, fuerzas de seguridad, empresa privada (especialmente los fabricantes de las botellitas de plástico y las cervecerías), medios de comunicación, transporte público, etc.
Toda la sociedad tiene algo que hacer con la basura. Aunque sea guardársela en los bolsillos… Creo que así como el trato a los animales define nuestro grado de humanidad, el manejo de la basura define el grado de respeto que nos tenemos unos con otros y con el pedazo de planeta, las patrias grandes y chicas, que nos toca habitar.
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