viernes 3 de abril de 2009

La crisis del periodismo III: Autodepuración

Durante las dos últimas semanas hemos estado hablando de la crisis del periodismo y los hechos se siguen acumulando: más de mil despidos en el conglomerado de medios del Daily Mail en Inglaterra. La Radio Televisión canadiense elimina 800 puestos de trabajo. Un canal de TV privado de Chile elimina todos sus noticieros...

Pero hablemos de algo más cercano y de un hecho que sirve como el perfecto ejemplo de las características que adquiere la crisis del periodismo en nuestro país: la pérdida de credibilidad.

Por supuesto, nos referimos al caso de los rumores publicados sobre los containers de los supuestos billetes de “cóndores” con los cuales se iban a reemplazar a los dólares después de las elecciones y de darse la victoria del actual Régimen.

En realidad, para muchos el rumor no era nuevo. Venía circulando en el Internet desde hace semanas, en coincidencia con la campaña electoral. Diariamente uno recibe decenas de estos correos anónimos distribuidos por cadenas de personas de buena voluntad y de las otras. Es muy raro que un periodista les de crédito y menos que los publique si no tiene una fuente realmente fiable que confirme la información. La norma es que si una denuncia es presentada de forma anónima, si el denunciante no se identifica ante el periodista, aunque después se preserve su identidad, estamos ante información poco confiable y no publicable.

Pero he aquí que un articulista, Rómulo López Sabando decide publicar los rumores. Lo hace con los detalles casi exactos del correo electrónico anónimo que circulaba desde hace días. Las cosas se agravan cuando el articulista decide que no va a revelar sus fuentes. Y no hablamos de su identidad, sino de su naturaleza. Las normas profesionales, incluyendo el código de ética para el periodismo de investigación, dice que solo se invocará la reserva de la fuente en último caso, cuando las fuentes corren inminente peligro.

La advertencia del Presidente Correa que luego se concreta de forma por demás “oportuna” en la denuncia de un ciudadano y la diligencia de un comisario para abrir un proceso todos blandiendo amenazantes un caduco (con todo y reformas) Código Penal, es condenable, por intimidatoria. Sin embargo, lo que hizo el articulista se parece mucho a la irresponsabilidad.

Una de las causas de la pérdida de credibilidad de los medios es justamente el hecho de que no han podido construir mecanismos fiables, efectivos y confiables de autorregulación. Este es un caso muy claro. El articulista no debiera ser amenazado con prisión, pero debieran ser los gremios y organizaciones de la prensa quienes abran procesos de investigación a través de Comités éticos o concejos de la prensa (como se llaman en otros países) y sancionar de ser el caso.

Es lo mismo que debió haberse aplicado en el Caso de Orlando Pérez, dónde todo quedó en unos hablando de “linchamiento” mediático y los otros indignados por la ferocidad de sus expresiones.

Estos consejos éticos, además, debieran ser abiertos y transparentes. Todo ciudadano afectado tendría que ser atendido, porque la autocrítica y la capacidad de autodepuración es el único camino para recuperar la credibilidad.

1 comentarios:

Manuel Jiménez dijo...

Pues según se ve, parece que el tsunami que afecta a las financieras tiene un primo hermano que está acabando con cierta prensa. La crisis de credibilidad es medible: sólo en mi entorno cercano, conozco a más de cinco personas que han dejado de comprar periódicos y han renunciado a ver noticieros. ¿Que te parece si haces una encuesta al respecto? Sería muy interesante. También te propongo echarle un ojo al asunto de la libertad de expresión en las salas de redacción. Vamos a encontrar sorpresas de todos los colores y tamaños. Saludos amigo.